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Madrid, doc. 1871
Julia Blázquez de Morata fue una pintora natural de Madrid, donde residía (calle Pelayo, 46, 3º) cuando presentó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1871, celebrada en Madrid, una pintura titulada La Caridad (80 x 67 cm). Era discípula de Jacinto González y de Antonio García.
MAE, Mariángeles Pérez-Martín, marzo 2021.
La Caridad. 1871. Pintura (80 x 67 cm). Paradero desconocido.
Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid, 1871.
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Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1871, p. 28.
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Barcelona, doc. 1906
Federica Bonay Gallard fue una pintora natural de Barcelona, donde residía (calle Claró, 62), cuando presentó en las exposiciones nacionales de Bellas Artes de 1906, 1908 y 1912, celebradas en Madrid, varias pinturas de flores. En 1906 era un cuadro de Flores (40 x 60 cm), en 1908 de nuevo un cuadro de Flores (29 x 73 cm) y en 1912 la pintura titulada Crisantemos (60 x 93 cm).
MAE, Mariángeles Pérez-Martín, marzo 2021.
Flores. 1906. Pintura (40 x 60 cm). Paradero desconocido.
Flores. 1908. Pintura (29 x 73 cm). Paradero desconocido.
Crisantemos. 1912. Pintura (60 x 93 cm). Paradero desconocido.
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Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid, 1906.
Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid, 1908.
Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid, 1912.
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Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1906, p. 20.
Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908, p. 13.
Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1912, p. 13.
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Barcelona, doc. 1922
Federica Bonay Mata fue una pintora natural de Barcelona, donde residía (calle Caspe, 40) cuando participó con varias pinturas de flores en las exposiciones nacionales de Bellas Artes celebradas en Madrid en 1922 y 1924. En la primera ocasión, 1922, presentó dos pinturas al óleo Claveles (83 x 52 cm) y Flores campestres (52 x 78 cm). A la edición de 1924 concurrió de nuevo con dos pinturas, Peonías (68 x 55 cm) y Flores de campo (60 x 80 cm). Era discípula de Martí y Baixas.
MAE, Mariángeles Pérez-Martín, marzo 2021.
Claveles. 1922. Pintura al óleo (83 x 52 cm). Paradero desconocido.
Flores campestres. 1922. Pintura al óleo (52 x 78 cm). Paradero desconocido.
Peonías. 1924. Pintura (68 x 55 cm). Paradero desconocido.
Flores de campo. 1924. Pintura (60 x 80 cm). Paradero desconocido.
Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid, 1922.
Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid, 1924.
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Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1922, p. 17.
Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1924, p. 16.
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Enmarcada en el Realismo pictórico, Rosa Bonheur fue una de las pintoras más famosas del siglo XIX. Dedicó gran parte de su vida a pintar de manera fiel y realista el entorno rural, tema del que se especializó.
El Cid, 1879. Óleo sobre lienzo. Museo Nacional del Prado, Madrid
Enmarcada en el Realismo pictórico, Rosa Bonheur fue una de las pintoras más famosas del siglo XIX. Nació en la ciudad francesa de Burdeos el 18 de marzo de 1822 y dedicó gran parte de su vida a pintar de manera fiel y realista el entorno rural, tema del que se especializó. Sus inquietudes artísticas procedían del contexto familiar, pues su padre, Raymond Bonheur, era pintor, y tanto él como Léon Cogniet se involucraron en su formación artística. Sus obras formaron parte del circuito expositivo de los salones parisinos y obtuvo reconocimiento en forma de medalla en distintas ediciones, como la tercera medalla en 1845 y la primera medalla tres años más tarde, en 1848.
Bonheur se especializó en el género animalière y se hizo un hueco importante entre sus colegas gracias a la pintura de animales. Caballos, vacas, ciervos y un largo etcétera conforman la mayoría de su producción artística. Mientras artistas como Gustave Courbet o Jean-François Millet colocaron la atención en los estratos sociales más humildes, entre ellos el campesinado, Bonheur dignificó la figura del animal con un gran detallismo en sus obras. La pintora francesa acudía asiduamente a ferias y mataderos, solicitando previamente un permiso nacional de travestismo que le permitiera ponerse los pantalones, una prenda exclusiva para los varones. De esta manera lograba pasar desapercibida en un contexto protagonizado por los hombres y de manera directa tomaba los apuntes pertinentes para, posteriormente, trasladarlos al óleo. Dicha práctica no debe confundirse con su orientación sexual lésbica, ya que sus intenciones fueron meramente artísticas. No obstante, convivió durante cuatro años con Nathalie Micas y, tras su fallecimiento, compartió sus últimos años de vida con la artista estadounidense Anna Klumpke.
A pesar de sus dotes como ilustradora y escultora, Rosa Bonheur destacó por sus pinturas, alcanzando una fama y prestigio que le permitieron acumular una pequeña fortuna y asentarse en una localidad campestre cercana a la capital francesa. Allí, en el Château de By, rodeada de animales, elaboró centenares de obras que le proporcionaron éxito y popularidad, llegando a formar parte de las colecciones privadas de personalidades de la aristocracia inglesa, como es el caso de la reina Victoria de Inglaterra, quien encomendó numerosos encargos a la artista y de quien se convirtió en su protegida.
Uno de los animales que Bonheur inmortalizó fue el felino. Fue a raíz de la guerra franco-prusiana cuando se centró en los leones, como demuestra la pintura que alberga el Museo Nacional del Prado titulada El Cid, datado en 1879. La institución cuenta con este óleo a raíz de una donación por parte del marchante Ernest Gambart, cónsul de España en Niza, y estuvo en los depósitos durante décadas. El felino fue un animal muy recurrente entre los románticos, quienes vieron en él los impulsos propios de la naturaleza, lo irracional y lo instintivo. En el león, Bonheur quiso reconocer la poderosa nobleza que posee el rey del mundo animal. El texto de Charles Darwin, La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, publicado en 1872, precede a esta pintura y pudo motivar, en cierta manera, a la realización de la pintura, como apuntan autores como Carlos Reyero. La pintura retrata un león africano y fue exhibido en la exposición La mirada del otro: escenarios para la diferencia, comisariada por Carlos G. Navarro y Álvaro Perdices en el prestigioso museo madrileño. La anécdota que envuelve la historia reciente del cuadro se encuentra en las redes sociales, ya que, una vez retirado de la exposición temporal, la presión social ejerció un rol trascendental mediante el hastag #unarosaparaelprado, reclamando mediante la plataforma Twitter su exposición permanente y que se vio logrado.
Rosa Bonheur obtuvo distinciones honoríficas como la gran cruz de la Legión de Honor francesa y fue comendadora de la orden de Isabel la Católica y de Leopoldo de Bélgica. En su obra puede apreciarse una evolución que parte de un cierto academicismo inicial hacia un lenguaje plástico de carácter impresionista en sus lienzos finales. El 25 de mayo de 1899 falleció en Thomery, dejando un legado de obras que pueden verse en museos de talla mundial como el Musée d’Orsay, en París, y logrando ser la artista del siglo XIX que obtuvo mayor reconocimiento académico y una buena opinión por parte de la crítica decimonónica.
MAE, Javier Martínez Fernández, mayo 2021
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https://www.museodelprado.es/coleccion/artista/bonheur-rosa/13bfc4ed-9db0-42cb-acff-28a216bc53f8 https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/el-cid/19984271-9cb6-476d-8655-f012e1fec1bf NAVARRO, Carlos y PERDICES, Álvaro (ed.). La mirada del otro: escenarios para la diferencia. Madrid, Museo Nacional del Prado, 2017. NAVARRO, Carlos. Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931). Madrid, Museo Nacional del Prado, 2020. JANSON, Horst W y ROSENBLUM, Robert. El arte del siglo XIX. Madrid, Akal, 1992. MAYAYO, Patricia. Historias de mujeres, historias del arte (4ª ed.). Madrid, Ediciones Cátedra, 2011. |
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San Ildefonso, Segovia, 1782 – Roma, 1824
Reina de Etruria, aficionada a la música, la escritura y a la pintura fue académica de Bellas Artes de San Carlos de València y de la Academia de San Luca de Roma.
José Aparicio e Inglada, La reina de Etruria y sus hijos, 1815. © Museo Nacional del Prado, Madrid.
María Luisa de Borbón y Borbón-Parma, Inanta de España, como algunas de las mujeres de la familia real fue reconocida en la Academia de San Carlos por su labor artística o de mecenazgo en los primeros años de la institución valenciana. El 12 de febrero de 1808 era creada académica de honor y de mérito con motivo de la visita a la Academia que realizaron ese día los reyes de Etruria. El presidente, Francisco Xavier de Aspiroz había suplicado a SS. MM. el rey y la reina de Etruria que se dignaran honrar a la entidad con su real presencia, quienes condescendieron a la solicitud. Con tal motivo el presidente convocó a los consiliarios, vice-consiliarios, académicos de honor, directores y tenientes para el día 12 de febrero por la mañana «en que debía verificarse la venida de SS.MM.». Los asistentes salieron hasta la puerta a recibirlos y se reunieron en el Salón de Juntas que se había adornado para este fin, donde fueron emplazados «a besar sus reales manos». A continuación, según lo acordado en su Junta de 4 del mismo mes, se depositaron en la «Tesorería del Exército de este Reyno, tres mil quinientos noventa y nueve reales de vellón, que son en moneda corriente treinta y nueve reales, según consta en la carta de pago firmada en dicho día por el Sr. D. Manuel de Velasco, Tesorero de ese Exército». El rey y la reina «admitieron los títulos de académicos de honor y de mérito por la pintura».
María Luisa Josefa Antonieta Vicenta de Borbón y Borbón-Parma, infanta de España, reina de Etruria y duquesa de Lucca nació el 6 de julio de 1782 en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, Segovia. Era hija del rey Carlos IV de España y de la princesa María Luisa de Parma, entonces príncipes de Asturias. Contrajo matrimonio en Madrid el 25 de agosto de 1795 con su primo hermano Ludovico Francesco Filiberto de Borbón-Parma (Colorno, 1773 – Florencia, 1803), que reinaría como Luis I de Etruria (1801-1803), hijo de Ferdinando III, duque de Parma y hermano de la reina María Luisa de España. La reina de Etruria fue madre de un hijo: el primogénito Carlo Ludovico o Carlos Luis de Borbón-Parma (Madrid, 22 de diciembre de 1799 – Niza, 17 de abril de 1883) tuvo tratamiento de infante de España. Sucedió a su padre en el efímero reino centroitaliano creado tras el Tratado de Lunéville, en 1801, bajo la regencia de su madre con el nombre de Ludovico II, hasta el 10 de diciembre de 1807. Tras perder Etruria, gobernó el ducado de Lucca como Carlo II y recuperó el título de duque de Parma y Piacenza. La reina tuvo también una hija, María Luisa Carlota (1802-1857), que nació en plena travesía marítima entre Livorno y Barcelona.
María Luisa de Borbón murió en Roma el 13 de marzo de 1824, con solo 41 años, y fue enterrada en el Panteón de Infantes del Monasterio de El Escorial. La suya fue una vida itinerante entre Madrid, Florencia, Roma y Lucca. Sufrió distintos acontecimientos que, en 1814, le llevarían a publicar sus memorias en cinco idiomas con el objetivo de reivindicar sus derechos en el Congreso de Viena. Su marido, Luis de Parma, había sido nombrado rey de Etruria, un estado que Napoleón estableció sobre el Gran Ducado de Toscana con capital en Florencia. El joven esposo murió dos años después dejando a María Luisa como regente con 21 años. Al disolverse el reino en 1807 ella regresó a Madrid con sus hijos. La Corte madrileña atravesaba momentos convulsos de división política entre los partidarios de su padre, Carlos IV, y los de su hermano Fernando VII, y ella tomó partido por su padre.
Allí fue víctima del Motín de Aranjuez y del Levantamiento del Dos de Mayo, que le obligaron a exiliarse en Compiègne y Niza, desde donde intentó trasladarse a Inglaterra con ayuda de un banquero de Livorno. Al ser descubierta por Napoleón este la encerró en el monasterio de Santi Domenico e Sisto de Roma, donde permaneció dos años. El Congreso de Viena creó el ducado de Lucca nombrándola regente, finalmente en 1817 se le reconoció como heredera al ducado de Parma. Pero la reina regente de Etruria no solo fue un personaje relevante de la política sino también por su mecenazgo artístico. Manifestó su afición a la pintura y, sobre todo, fue una magnífica intérprete musical y compositora, reunió colecciones de arte, instrumentos musicales y partituras, especialmente durante su residencia en Italia. Comisionó además obras de arquitectura, escultura, pintura, literatura y música. Entre 1817 y 1821 reunió una importante colección de pinturas antiguas y modernas en sus residencias de Roma. Óleos como el de Vincenzo Camuccini, María Luisa de Borbón, reina de Etruria, 1817, colgaron en las paredes de sus palacios romanos Ercolani (hoy Grazioli) y Rinuccini (hoy Bonaparte). Al trasladarse al palacio ducal de Lucca se llevaría muchas de ellas. Realizó numerosos encargos a artistas de renombre para sus distintos palacios. El Palacio Pitti de Florencia fue escenario del retrato de familia que pintó François-Xavier Fabre. Incluso el famoso escultor Antonio Canova trabajó para ella en Florencia. En 1814, María Luisa envió diversos retratos de su familia a su hermano Fernando VII desde su exilio romano. En el archivo de palacio está documentado que el pintor José Aparicio e Inglada acompañó desde Roma en 1815 un cargamento con cuadros y otros objetos enviados por la reina.
La Accademia di San Luca de Roma reconoció a la infanta por su promoción de las bellas artes otorgándole el título de «accademica d’onore». Pero su gran pasión fue la música a la que se consagró como mecenas, coleccionista, intérprete y compositora. Asimismo, fue impulsora de la formación y creatividad de otras mujeres. Fundó centros de enseñanza femenina y brindó su mecenazgo a compositoras, pintoras y escritoras. Pintoras como Matilde Malenchini, quien retrató a la infanta rodeada de artistas y que, como ella, fue miembro de la academia de bellas artes de Roma. Escritoras como Teresa Bandettini que le dedicó sus Poesie estemporanee. Entre los numerosos lienzos y poemas dedicados a María Luisa destaca su interés por aparecer identificada con personajes femeninos de la historia y la mitología clásicas, como Cornelia, Ariadna o Dido. También entre los grandes nombres de su colección musical hay piezas de mujeres compositoras. Se trata de más de seiscientas partituras identificadas con su nombre –como dedicataria o poseedora–, que se conservan en el Fondo Borbone de la Biblioteca Palatina de Parma. Una completa guía musical de la época con la que aristócratas y miembros de la familia real amenizaban sus veladas. Como afirma Ana Lombardía en su estudio sobre María Luisa: «La música fue un medio de socialización con otras damas, tanto aficionadas como profesionales».
Así se desprende de las partituras de varias compositoras italianas hasta ahora desconocidas, muchas de ellas diletantes y amigas, aunque otras como Anna Marchi, de Siena, debió ser profesional a juzgar por la cuidada presentación de sus composiciones. El hecho de que obras de mujeres estuvieran «dedicadas a otras mujeres, junto al apoyo de María Luisa a pintoras y escritoras, parece indicar que en la vida cultural italiana de principios del XIX existieron redes femeninas en las que la infanta participó muy activamente». Así pues, la reina de Etruria es ejemplo del activo papel que las mujeres desempeñaron en la vida cultural de principios del siglo XIX. Mujeres conformando redes de apoyo mutuo en las que compartían sus intereses por el arte, la música y la escritura como mecenas y coleccionistas, pero también como «aficionadas» a la pintura. Y así supieron reconocerlo los miembros de la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, y años más tarde la Academia de San Luca de Roma, nombrándola académica de honor por la pintura.
MAE, Mariángeles Pérez-Martín, diciembre 2022.
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Pérez-Martín, Mariángeles. Ilustres e ilustradas. Académicas de Bellas Artes en España, ss. XVIII-XIX. Valencia, Tirant lo Blanch, 2020. Sánchez del Peral, Juan Ramón. El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla. Madrid, Museo Lombardía, Ana. “Dido en Etruria: la pasión musical de María Luisa de Borbón”. Scherzo, 2018a, nº |
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ARASC. Libro de Individuos desde su creación 1768-1847, [p. 3]. ARASC. Libro de Actas de la Academia de San Carlos. “Junta Extraordinaria en 12 de febrero de 1808”. ARASC. Real Academia de San Carlos. Extracto. Juntas Particulares, p. 76. AGP. Sección Administrativa. C 138/I. |
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