Musidora

Musidora

Musidora (Roques, Jeanne)

 

París, 1889 – París, 1957

 

Musidora, nombre artístico de Jeanne Roques, fue una directora, productora, escritora y actriz francesa. Estrechamente vinculada al arquetipo de mujer fatal, guarda proximidad con el movimiento surrealista.

Musidora (Roques, Jeanne)

 

Jeanne Roques, más conocida como Musidora, era hija del profesor de canto y compositor Jacques Roques y de la pintora y feminista Marie Porchez, ambos de convicciones socialistas. Jeanne creció en un entorno intelectual, culto y politizado, de ideas muy avanzadas para la época. Si bien comenzó estudiando pintura, pronto se decantó por la actuación. Para su debut tomó su nombre artístico de Fortunio, de Théophile Gautier, Musidora, el «regalo de las musas». En 1910, Musidora entró en la escena teatral parisina: su papel en La nuit de noces era breve, pero encandiló al público. Apenas tres años después, la actriz aceptó su primer papel cinematográfico, Les misères de l’aguille (Raphael Clamour, 1913) y quedó deslumbrada por el nuevo medio.

Mientras trabajaba en los escenarios del music-hall y el cabaret, conoció a Louis Feuillade en Les Folies-Bergère. El realizador captó inmediatamente la fotogenia de su mirada y le ofreció un papel para Severo Torelli (1914), el primero de sus 28 filmes en colaboración. Durante la Gran Guerra, con Feuillade movilizado, hubo de trabajar para otros realizadores; pero a la vuelta de su colaborador —desmovilizado por enfermedad—, ambos emprendieron su trabajo conjunto más exitoso, el serial de misterio Les Vampires (1915), en el que ella interpretaba a Irma Vep, femme fatale malvada y criminal. El personaje se convirtió en un mito de posguerra, tanto entre el público como entre los intelectuales, destacando la fascinación que ejercía sobre los surrealistas. Musidora retomó un papel similar para el nuevo serial de Feuillade, Judex (1916). Ambas obras asentaron definitivamente a la artista en el estrellato internacional.

Ese mismo año, dio el salto al otro lado de la cámara y dirigió Minne (1916), convirtiéndose en la tercera mujer directora del cine francés. Las pérdidas (30 000 FRF) la obligaron a volver a la actuación. Tras protagonizar Chacals (André Hugon, 1917) y la obra La Revue sensationelle (1917), en la que denunciaba la drogadicción que sufría París durante la guerra, Jeanne volvió a probar suerte con la dirección con La Vagabonde (Eugenio Perego y Musidora, 1918), basada en una novela de Colette. Siguió compaginando teatro y cine; sin embargo, sus posteriores proyectos como directora se torcían o no llegaban a buen puerto. Con el fin de controlar sus proyectos, fundó la Societée des Films Musidora, donde asumió tareas de realización, adaptación e interpretación. Su siguiente filme, La Flamme cachée (Musidora y Roger Lion, 1918), obtuvo muy buenas críticas, pero sólo pudo estrenarse en una sala y generó cuantiosas pérdidas. Pese a todo, perseveró en su afán y, para su siguiente obra, Vicenta (1919), escribió el guion y compuso lo que, años después, sería conocido como story board. No la arredraron los problemas de rodaje ni la tibia recepción y emprendió Pour Don Carlos (Musidora y Jacques Lasseyne, 1920), ambientada en las guerras carlistas y rodada en Guipúzcoa. Los críticos que asistieron al pase de prensa en el que se exhibió el montaje completo alabaron el filme; sin embargo, ningún exhibidor estaba dispuesta a pasarla por sus salas hasta que no redujera la duración de tres horas. Finalmente, Musidora se hubo de recortarla y estrenarla como La Capitana Allegria. El filme no impresionó a los franceses, pero maravilló al público español. Ello, unido al hecho de haber conocido allí al rejoneador Antonio Cañero, que será su pareja durante varios años, la llevaron a emprender largas estancias en España.

Su etapa española comenzó con la gira teatral El día de Musidora, pero pronto volvió a colocarse tras la cámara con Sol y sombra (1922), adaptación de la novela de Marina Star, que Musidora codirigió con Jaime de Lausen, que sirvió de enlace idiomático entre la artista y el equipo español. Ambientada en el mundo taurino, era un melodrama de clase que contó con el protagonismo de Cañero y Musidora, que asumió el doble papel de sirvienta andaluza y turista extranjera. De nuevo, la obra funcionó mejor en la taquilla española que en la francesa: «Una francesa ha hecho una película absolutamente española, de espíritu español», declaró Alfonso XIII. Ni las deudas ni la cornada recibida durante el rodaje la desanimaron y, poco después, dirigió el cortometraje Una aventura de Musidora en España (1922) —un sorprendente acompañamiento para su nueva gira— y La tierra de los toros (1924). Esta última aprovechó la prohibición de corridas inmediatamente posterior al golpe militar de Primo de Rivera para realizar un documental sobre la vida cotidiana en una ganadería e intercalarlo con escenas de ficción protagonizadas por Musidora y Cañero. El abandono de este último fue precisamente la causa del retorno de Musidora a París: «España fue para mí el amor, tal vez el más hermoso… Pasó, como en el film se esfuman las imágenes, de un sueño… Yo ya estoy un poco desengañada… Todo es cuestión de resignarse y saberse conformar…» (Muchas Gracias, 23/10/1926).

En Francia, todavía dedicó un par de años al cine y el teatro, pero anunció su retirada después de su aparición triunfal, como Reina del Cine, en el carnaval de 1926. Dedicó el resto de su vida a la escritura —canciones, poesías y las novelas Arabella et Arlequin (1928) y Paroxysmes (1934)—, trabajando como profesora de dicción en el conservatorio de Reims, primero, y en distintas tareas dentro de la Cinemathéque Française, a partir de 1944. Sólo regresó a la dirección con el cortometraje La magique image (1950). Falleció el  7 de diciembre de 1957.

MAE, Luis Pérez Ochando, 2020

Minne. 1916. Directora.

La Vagabonde. 1918. Co-directora.

La Flamme cachée. 1918. Co-directora.

Vicenta. 1919. Co-directora y guionista.

La Capitana Allegria. 1920. Co-directora.

Sol y sombra. 1922. Co-directora.

Una aventura de Musidora en España. 1922. Directora.

La tierra de los toros. 1924. Directora.

La magique image. 1950. Directora

 

 

 

CALLAHAN, V., Zones of Anxiety: Movement, Musidora and the Crime Serials of Louis Feuillade, Detroit, Wayne State University Press, 2005.

CAZALS, P., Musidora, la dixième muse, París, Henri Veyrier, 1978.

DURAND, J., “Soleil et ombre” en Arnaud, P. (ed.), La Persistance des images, París, Cinémathèque française, 1996.

TIERCHANT, H., Musidora. La première Vamp, París, Télémaque, 2014.

 

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Muter, Mela (Maria Melania Mutermilch)

Muter, Mela (Maria Melania Mutermilch)

Muter, Mela (Maria Melania Mutermilch)

 

Varsovia, Polonia, 1876 – París, Francia, 1967

 

Artista polaca nacionalizada francesa que practicó pintura, dibujo y grabado. Fue una destacada retratista y concibió una particular técnica pictórica a base de pinceladas espaciadas y colores brillantes con la que imprimió su personal estilo a sus creaciones. Es reconocida por su especial sensibilidad para representar a los más desfavorecidos.

 

 

Autorretrato, h. 1921

Mela Muter

 

Maria Melania Klingsland, conocida profesionalmente como Mela Muter, nació en Varsovia en 1876, cuando el territorio se encontraba bajo dominio del imperio ruso. Pertenecía a una acomodada familia de comerciantes judíos que fomentó su sensibilidad y su interés por las artes. Su hermano fue crítico de arte y ella asistió a clases de pintura y de piano. La familia se codeaba con la intelectualidad local, y así conoció al crítico literario y de arte Michel Mutermilch, con quien se casó a los veintitrés años. Se matriculó después en la Academia de Pintura y Dibujo para Mujeres de la ciudad, un centro privado que constituía entonces la única opción formativa para las mujeres ya que la Escuela de Bellas Artes estaba cerrada, y durante varios años, además, no admitió a mujeres como alumnas.

El matrimonio tuvo un hijo al año siguiente de formalizarse, y poco después la familia Mutermilch se trasladó a París a fin de que ella pudiera proseguir su formación artística. Allí fue a clases en diversas academias y frecuentó el círculo de poetas y artistas compatriotas instalados en la capital francesa, uniéndose a la Sociedad de Artistas Polacos en París, con quienes compartía sus inquietudes por la situación de Polonia y un fuerte sentimiento nacionalista. No perdió tampoco contacto directo con su tierra, donde regresaba a menudo.

En esa época, Mela Mutermilch participó en varias exposiciones parisinas, también en Varsovia y otras localidades polacas, e incluso expuso su obra en algunas citas internacionales. Viajó con su familia por Italia y Francia, especialmente por la región de Bretaña, que le atrajo intensamente, como también le ocurrió a Gauguin, a quien por cierto admiraba. Son abundantes las obras que dedicó a retratar a los paisanos bretones, ataviados con su tradicional indumentaria y siempre envueltos por una fuerte melancolía. Mela se interesó en todo momento por personajes tocados por el infortunio: gentes muy humildes cuyas vidas eran atravesadas por el sufrimiento y el dolor. Sus pinturas de entonces muestran ancianos, ciegos, mujeres que lamentan las interminables ausencias de sus maridos cuando faenan en el mar. En las memorias que escribió la propia artista ya en los últimos años de su vida, relata cómo las facciones de algunas figuras eran el resultado de la erosión causada por del dolor. La inclinación de Mela Muter hacia los desfavorecidos era una elección a través de la que señalaba las injusticias y las diferencias entre unos y otros.

En cuanto a su estilo pictórico, sus creaciones tomaban la trascendencia del expresionismo alemán y sus oscuros contrastes lumínicos, con marcados perfiles de las siluetas, como hicieran los postimpresionistas, a las que fue incorporando colores más brillantes similares a los del estilo fauvista a medida que pasaban los años, hasta lograr una producción artística muy particular y reconocible. La evolución es muy evidente entre el cuadro País triste (1906), protagonizado por un grupo de bretones aguardando el regreso de los pescadores bajo una atmósfera cargada, y Santa familia (1909), donde también son mujeres bretonas las representadas, solo que con un colorido más encendido y una pincelada más suelta. Es característico el espacio vacío que dejaba entre los brochazos, a través del que se observa la tela, aportando luminosidad. Por entonces, Mela también practicaba la técnica del grabado a color que había aprendido.

En 1911 Mela Muter visitó España. Estuvo en Barcelona, donde se inauguró la nueva sala dirigida por Josep Dalmau para dar a conocer el arte moderno con la exposición de la artista polaca. Su arte causó muy buena impresión entre los críticos y los artistas, especialmente, algo menos entre el público general, aún poco preparado para los aires renovadores que trajo la pintora. Los elogios que le dedicaron destacaban la exaltación del color, lo trágico y doloroso de su obra, la aparente sencillez revestida de modernidad… Además, el deseo de autonomía de Polonia causó simpatías hacia la artista por parte del público catalán.

Al año siguiente Dalmau organizó una muestra de artistas polacos, incluyendo nuevamente a Mela. Se había abierto un nuevo camino en el circuito artístico barcelonés que florecería con la visita de otros creadores que encontraron refugio ante la Gran Guerra en los años siguientes. La Junta Municipal de Museos de Barcelona adquirió dos obras de la artista, que trocaron al año siguiente por la de Santa familia. Los Mutermilch viajaron también a Madrid y a Toledo, que dejó una fuerte impresión en la artista, según relata en sus memorias. Admiró a Goya y al Greco, y reparó en los campesinos que trabajaban arduamente las tierras bañadas por el cálido sol.

Su vínculo con España se hizo todavía más intenso cuando pasó unos meses en Gerona, en la primavera de 1914. Instalada en la ciudad vieja, Mela Muter se dedicó a recorrer poblaciones de los alrededores, atraída por sus hermosos rincones y especialmente por la vida y la gente de la ciudad, que plasmó en varias obras con su particular estilo. En Gerona coincidió con el escultor Manolo Hugué, a quien había conocido en París. Frecuentaba el círculo artístico e intelectual que se daba cita en el café, y expuso en Athenea en mayo de 1914, una asociación que ejercía de centro cultural y artístico local organizando numerosas citas relacionadas con la literatura y las artes plásticas. También entonces la administración pública adquirió una obra de la artista. Su paso por Gerona, aunque breve, dejó una profunda huella en la ciudad, y también en ella misma, como sabemos gracias a sus escritos. Aunque nunca regresó, sí estuvo algunos años después en las cercanías, en Tossa de Mar y nuevamente en Barcelona. En 1914 también visitó la artista el País Vasco, dejando su impresión de la localidad de Ondarroa en una de sus obras, y viéndose obligada a interrumpir su estadía por el estallido de la I Guerra Mundial. Mela Muter precedió con su visita el paso por estas tierras de su paisana polaca, la también pintora Victoria Malinowska, que encontró allí refugio algún tiempo después.

Durante el conflicto decidió aislarse en Bretaña con su hijo, mientras su marido y su hermano luchaban en el frente. En esa época, hastiada por la violencia y atemorizada, se ocupó en pintar objetos y seres inanimados ajenos al drama mundial, componiendo bodegones. Mela Muter despreciaba la guerra y concibió una serie de dibujos antibelicistas en 1916, y en los primeros años 20 realizó ilustraciones pacifistas para la revista Clarté. Fue una época difícil para ella debido a la estrechez económica (su padre sufrió bancarrota), y a la situación personal: se separa definitivamente de su marido, y fallecen varios de sus seres queridos: su padre, el político Raymond Léfevbre que se había convertido en su compañero, y su hijo, afectado de tuberculosis. Mela se convirtió al catolicismo y se volcó en causas de tipo social. En 1927 obtuvo la nacionalidad francesa, y en 1929 el divorcio de Michel Mutermilch.

Siguió pintando y cosechando éxitos, y alcanzando una notable fama como retratista. En 1937 obtuvo la medalla de oro en la Exposición Internacional de París por el retrato de Saumyendra Nath Tagore, sobrino del escritor Premio Nobel Rabinadrath Tagore. Durante la II Guerra Mundial se instala cerca de Avignon y se dedica a dar clase de dibujo e historia del arte en una escuela femenina. En sus obras de entonces no hay rastro de la guerra que tanto repudia.

Los últimos años de su vida, aunque continuó trabajando, los pasó en reclusión, alejada de sus círculos de amistad y en un ambiente de austeridad, sin poder regresar a la casa en París que había mandado construir y que, tras el periodo de necesidad económica, arrendó al artista Jean Dubuffet, quien ya nunca quiso dejarla y terminó comprándola cuando murió Mela Muter en 1967. Legó todos sus bienes y su obra a la asociación SOS des Enfants de France.

MAE, Inés Escudero Gruber, agosto de 2021

1902. Exposición individual, Varsovia, Sociedad para el fomento de las Bellas Artes (Towarzystwo Zachety Sztuk Pieknych).

1911. Exposición individual, Barcelona, Galeries Dalmau.

1912. Exposició d’art polonès, Barcelona, Galeries Dalmau.

1914. Mela Muter, exposición individual, Gerona, Sociedad Artística “Athenea”.

1918. Exposición individual, París, Gallery Cheron.

1923. Exposición individual, Varsovia, Sociedad para el fomento de las Bellas Artes (Towarzystwo Zachety Sztuk Pieknych).

1924. Exposición individual, París, Gallery Billiet.

1926. Exposición individual, París, Gallery Druet.

1927. Exposición individual, París, Gallery Billiet.

 

BOSCH, Glòria, PORTELL, Susanna y TANIKOWSI, Artur (coms.), De París a Girona. Mela Muter i els artistes polonesos a Catalunya, Gerona, Generalitat de Catalunya, 2018.

CAMPS, Mar, “Mela Muter, la pintora polonesa que va captivar Girona”, Revista de Girona, nº 313, 2019, pp. 40-43.

DOÑATE, Mercè, Mela Muer. Girona, 1914, Girona, Ajuntament de Girona, 1994.

LAZOWSKI, Urszula, “Mela Muter: A Poet of Forgotten Things”, Woman’s Art Journal, Vol. 22, nº 1, 2001, pp. 21-26.

ESPÁTULA, “La señora Mela Mutermilch y un nou Saló d’Exposicions”, ¡Cu-cut!, nº 472, 08-06-1911, p. 360.

FOLCH I TORRES, J., “Les pintures de Mela Mutermilch”, La Veu de Catalunya, 15-06-1911, p. 5.

JORDÁ, “Arte y artistas. Galerías Dalmau”, La Publicidad, 04-06-1911, p. 7.

J.R., “Una artista polonesa a Catalunya”, Feminal, nº 51, 25-06-1911.

“Mela Mutermilch a Barcelona”, La Veu de Catalunya, 18-05-1911.

R., “La exposición de artistas poloneses”, La Cataluña, nº 248, 06-07-1912, pp. 417-418.

 

 

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Napoleón, Anaïs

Napoleón, Anaïs

 

Narbona, 1831 – Barcelona, 1912

 

Anne Tiffon Cassan, más conocida por el nombre de Anaïs Napoleón, fue una fotógrafa y pionera del cine franco-española.

Napoleón, Anaïs

 

Anne Tiffon Cassan, más conocida por el nombre de Anaïs Napoleón, fue una fotógrafa y pionera del cine franco-española.

Nacida en Narbona, inmigró junto con su familia a una edad temprana. El motivo de su asentamiento en Barcelona, en 1846, fue el trabajo de su padre (peluquero, fabricante de pelucas y pedicura) quien, bajo el apellido Napoleón, logró atraer a una amplia clientela a su estudio en la zona de Les Rambles, llegando a ser callista de Sus Majestades.

En diciembre de 1850, Anaïs contrajo matrimonio con Antonio Fernández Soriano, fundando conjuntamente una pequeña tienda de fotografía tres años después, situada en el Bulevar de Santa Mònica. Aquel negocio de reducidas dimensiones, que comenzó empleando la técnica del daguerrotipo, terminaría convirtiéndose en la Compañía fotográfica Napoleón, adoptando así el apellido de ella y especializándose en retratos fotográficos y en tarjetas de visita con inclusión de los mismos. El estudio fotográfico se convertiría en uno de los más prestigiosos de la ciudad, teniendo continuidad gracias a la labor de algunos de sus hijos y posteriores descendientes, estando en funcionamiento hasta 1968. Además, el negocio destacó también por su condición de pionero en el ámbito del cine, adquiriendo un aparato cinematógrafo de los hermanos Lumière, con la consiguiente inauguración de una sala de cine propia en diciembre de 1896, acontecimiento en el que estuvieron presentes los propios inventores. El éxito inicial llevó a la inauguración de una segunda sala en 1901, situada en la Avinguda del Paral·lel, aunque la competencia creciente en el mundo del cine les llevó a cerrar ambas salas en 1908, dedicándose de nuevo en exclusiva a la fotografía.

MAE, Óscar Palomares Navarro, 2020

 

 

 

GARCÍA FELGUERA, Mª de los S.,  “Anaïs Tiffon, Antonio Fernández y la compañía fotográfica ‘Napoleón’”, Locus amoenus, nº 8, 2005, pp.307-335.

ZECCHI, B., La pantalla sexuada, Madrid; València, Càtedra; Universitat de València, 2014, pp. 26, 110-111.

ZECCHI, B., “Bio-filmografía de  Anaïs Napoleon”. En: https://www.gynocine.com/anais-napoleon (Consulta: 04-03-2020).

 

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Navarro Amandi, Dolores

Navarro Amandi, Dolores

Madrid, doc. 1884-1893

Pintora, participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884, era discípula de su madre Luisa Amandi, que también concurrió con una pintura. 

Navarro Amandi, Dolores

 

 Dolores Navarro Amandi fue una pintora natural de Madrid, donde residía (calle Espíritu Santo, 47, 3º) cuando presentó una pintura con un Gato (28 x 22 cm) en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884.

Dolores era discípula de su madre, la pintora Luisa Amandi de la Fuente, quien también participó en la misma exposición con una pintura titulada La Favorita (105 x 52 cm). Era hija de Antonio Navarro Zamorano, apoderado general de la condesa de Chinchón, quien tuvo inquietudes humanísticas, fue miembro de la Sociedad Filantrópica de Milicianos Nacionales y Militares Veteranos. Y en 1846 tradujo del francés la obra Elementos de higiene militar de Philippe Mutel. Dolores era hermana del abogado Mario Navarro Amandi (Madrid, 1857 – Santiago, 1895), doctorado en Derecho civil y canónico el 21 de mayo de 1884, dos años después obtuvo la plaza de profesor auxiliar numerario en la Universidad Central. Paralelamente optó a cátedras en distintas universidades hasta que en 1894 obtuvo la cátedra de Derecho Internacional Público y Privado de la Universidad de Santiago. Ejerció también como abogado y fue miembro de la Real Academia de Jurisprudencia. En 1882 dirigió la revista El Siglo Jurídico, y a lo largo de su corta trayectoria académica publicó varias obras importantes como Estudios sobre Procedimiento Electoral, 1885.

No tenemos más datos de su participación en otras exposiciones, cuando falleció su madre el 15 de octubre de 1892, Dolores Navarro Amandi reclamó la pensión que esta disfrutaba desde 1883, como viuda de Antonio Navarro, comandante de Infantería retirado. 

MAE, Mariángeles Pérez-Martín, marzo 2021 

Gato. 1884. Pintura (28 x 22 cm). Paradero desconocido.

Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid, 1884.

Diccionario de catedráticos españoles de derecho (1847-1943) [en línea], Universidad Carlos III de Madrid, Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2009, http://www.uc3m.es/diccionariodecatedraticos (Consultado 3-III-2021).

 

Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884, p. 100.

 “Esquela”, La Correspondencia de España, 1 de junio de 1875, p. 4.

MUTEL, Philippe, Elementos de higiene militar, traducida al castellano por Antonio Navarro Zamorano, Madrid, Estab. Literario y Tip. de Lucas González y Compañía, 1846. 

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Navarro Moreno, Aurelia

Navarro Moreno, Aurelia

Navarro Moreno, Aurelia

Granada, 1882 – Córdoba, 1968

Aurelia Navarro desarrolló, a comienzos del siglo XX, una exitosa trayectoria creativa, obteniendo galardones en certámenes nacionales y el aplauso de la crítica. Y ello, aunque en su pintura abordó asuntos controvertidos para una artista, como el desnudo. Lamentablemente, en 1923 ingresó en un convento, abandonando su prometedora carrera artística.

Autorretrato, 1906. Colección privada, Madrid.

Navarro Moreno, Aurelia

 

Nacida en Pulianas (Granada), las primeras noticias que la prensa recoge sobre Aurelia Navarro datan del año 1898, cuando contaba 16 años de edad. Aunque dichas noticias no aportan información sobre su formación o trayectoria artística, sin embargo, son reveladoras del entorno familiar en el que vivió su infancia y adolescencia, que sería determinante para su ulterior desarrollo como artista.

Hija del ilustrado doctor en Medicina granadino José Navarro y de Resurrección Moreno, la infancia de Aurelia transcurrió en el seno de una familia perteneciente a la burguesía ilustrada y con inquietudes culturales, literarias y artísticas. No sorprende, por lo tanto, que Aurelia Navarro recibiera una educación orientada al desarrollo de sus aptitudes creativas a través del aprendizaje de dibujo y pintura, como era habitual entre las jóvenes de la burguesía española desde el siglo XIX, aunque, es preciso señalarlo, dicha educación no tenía el objetivo de promover en ellas una vocación artística -y menos aún un interés profesional-, sino como parte de una formación dirigida a favorecer sus cualidades en el hogar, como esposas y anfitrionas.

Aurelia Navarro aprendió los rudimentos básicos del dibujo y la pintura en el taller privado del artista granadino José Larrocha (1850-1933), maestro de una amplia generación de pintores, como José María López Mezquita y José María Rodríguez Acosta, con quienes la artista pudo compartir sus inquietudes creativas. José Larrocha hubo de transmitir a Aurelia Navarro un profundo interés por las representaciones del paisaje granadino, tanto de los espacios urbanos y los entornos próximos a la Alhambra y Generalife, como de los espacios rurales y naturales, que la artista continuó recreando durante toda su trayectoria. Asimismo, hubo de realizar en el estudio de este maestro sus primeras obras de temática costumbrista, enmarcadas en los cármenes y jardines de Granada, que no dejará de estar presente en su producción ulterior.

Cuando Aurelia Navarro contaba 18 años de edad, inició una nueva etapa en su formación asistiendo al taller del laureado pintor cordobés Tomás Muñoz Lucena (1860-1943) quien, tras ser nombrado profesor de dibujo en el Instituto de Córdoba en 1894, pasó a desempeñar, en el año 1900, el cargo de catedrático de dibujo en el Instituto General y Técnico Padre Suárez de Granada. Con Muñoz Lucena adquirió Aurelia Navarro un mayor rigor en el sentido del dibujo y de la composición, así como un sentido de la luz y del color más experimental y una factura más ágil, recursos que incorporó a sus pinturas de paisajes y asuntos cotidianos.

En los albores del siglo XX, Aurelia Navarro comenzó su carrera artística en la escena pública, superando la controvertida frontera de los espacios privados de los estudios de los maestros o del espacio doméstico, y adentrándose en espacios públicos y competitivos, en los que la presencia de las mujeres, lejos de estar normalizada, era considerada una amenaza al orden tradicional establecido. Así, fue pensionada por la Diputación Provincial de Granada y comenzó a exhibir su obra en las principales exposiciones del ámbito nacional, como las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, en las que obtuvo Mención honorífica en 1904 y Medalla de tercera clase en 1906 y en 1908. En esta última edición presentó la pintura Desnudo de mujer que suscitó, entre algunos sectores de la crítica cierta polémica por la osadía de la artista al representar el vetado tema del desnudo, mientras otros críticos valoraron su valentía y cuestionaron el moralismo caduco.

A partir de 1910 la presencia de Aurelia Navarro en la escena artística se redujo, aunque concurrió a los certámenes del Centro Artístico, Literario y Científico de Granada. También participó en iniciativas que se desarrollaron en España en la primera década del siglo con objeto de renovar el panorama artístico existente y fortalecer la profesionalización de los artistas, como la Asociación Española de Pintores y Escultores. Fundada en el año 1910, Aurelia Moreno figura entre los “Señores Socios de Número”, con el número 80, formando parte, por lo tanto, del primer grupo de artistas vinculados a la Asociación, cuyo número total ascendía a 267 y de los cuales, solo 11 eran mujeres. Su participación en la Asociación Española de Pintores y Escultores pone de relieve, una vez más, el compromiso contraído por parte de la artista con su actividad creativa y con su futuro profesional como pintora.

La producción artística de Aurelia Navarro muestra un variado perfil en cuanto a las temáticas representadas, predominando las representaciones de los personajes femeninos de su entorno más inmediato. Dichos personajes presentan una evolución que transita desde las protagonistas alegres y desinhibidas de sus primeros años -en el marco de la pintura costumbrista-, hacia mujeres inmersas en su mundo interior, sumidas en sus pensamientos y envueltas por un profundo sentido de la intimidad. También abordó Aurelia Navarro en su primera etapa el género del paisaje, ejecutado en plein air, lo que le permitió experimentar con los efectos lumínicos, intensas gamas cromáticas y una pasta pictórica de expresiva factura. En menor medida abordó las representaciones de flores, el bodegón y el desnudo, asunto que le reportó el mayor reconocimiento.

Tras la intensa trayectoria creativa que desarrolló Aurelia Navarro en las dos primeras décadas del siglo, en 1923 su prometedor futuro artístico se vio truncado al ingresar como monja en la Congregación de las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento. Desde dicho momento residió en el convento de la orden en Córdoba, que no abandonó más que para desplazarse al Vaticano en 1933 para realizar un retrato de la fundadora de la Orden. Falleció Aurelia Navarro el 9 de febrero de 1968.

MAE, Magdalena Illán Martín, 2021.

Paisaje

H. 1900.

Dibujo al carbón sobre papel. 40 x 57 cm.

Colección Ignacio Navarro.

Jugando con las gallinas en el Carmen

1906

Óleo sobre lienzo. 182 x 116 cm.

Colección privada.

La merienda

Óleo sobre lienzo. 180 x 115 cm.

Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1906, p. 64.

Una bacante

Óleo sobre lienzo. 58 x 75 cm.

Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1906, p. 64.

Una artista

Óleo sobre lienzo. 86 x 118 cm.

Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1906, p. 64.

Estudio

Óleo sobre lienzo. 72 x 48 cm.

Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1908, p. 45.

Retrato

Óleo sobre lienzo. 66 x 42 cm.

Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1908, p. 45.

Niña con cabrita

Óleo sobre lienzo. 43 x 67 cm.

Colección Ignacio Navarro.

 

1904. Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid (Mención honorífica).

1906. Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid (Tercera medalla).

1908. Exposición Nacional de Bellas Artes, Madrid (Tercera medalla).

1908. Exposición de Otoño. Granada, Centro Artístico y Literario.

1914. Exposición de Bellas Artes. Granada, Centro Artístico y Literario.

1916. Exposición de Bellas Artes. Granada, Centro Artístico y Literario.

DIEGO OTERO, Estrella de, La mujer y la pintura en la España del siglo XIX español. Cuatrocientas olvidadas y algunas más, Madrid, Cátedra, 1987 (nueva ed. 2010), pp. 276, 380, 390.

ILLÁN MARTÍN, Magdalena, “Aurelia Navarro”, en ILLÁN MARTÍN, Magdalena y LOMBA SERRANO, Concha, Pintoras en España (1859-1926). De María Luisa de la Riva a Maruja Mallo, catálogo de exposición, Zaragoza, Prensas de la Univesidad de Zaragoza, 2014, pp. 142-143.

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